lunes, 23 de mayo de 2011

Quietud


Él se crucificó con mis amarguras,
Para darle nuevos sabores a mi vida.
Derramó su sangre limpia y pura,
Para entonar con mi vida melodías.

Me cubre de su paz, quietud y esperanza,
Sanando de mi alma toda herida
Inspira en mi vida nuevas danzas,
Que en quietud mi alma vibra.

No hay angustia o afán que brazas,
Consuman mi fe aunque pierda guía.
Porque mi Señor mi alma rescata,


"Estad quietos, y conoced que yo soy Dios"
Salmo 46: 10

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